Los tres primeros vinilos que me compré.

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Una de las cosas para las que puede servir la nostalgia es para intentar dar sentido al cómo somos, buscando, de manera casi científica, los porqués de nuestras actitudes, creencias, y maneras de ser a través de las vivencias, experiencias y personas que nos conformaron y crearon la persona que somos actualmente. La nostalgia también puede servir para darnos cuenta de lo decrépitos, viejos y cuan perturbadamente nos parecemos cada vez más y más a nuestros progenitores, pero hoy no voy a recorrer ese camino. Hoy voy a explicaros cuáles fueron los tres primeros LP’s en vinilo que me compré. Y quiero puntualizar este concepto de “me compré”. Ya fuese con dinero que gané con algún mini-trabajillo, con el de la paga semanal o con el que me regalasen por mi cumpeaños, fui yo quien fue a la tienda, escogí el LP y lo pagué. Es por eso que hoy no voy a hablar ni del disco de “Los Payasos de la tele”, ni de los singles de cuentos de Disney, ni el de la BSO de Heidi, ya que no cumplirían las tres premisas.

Tampoco voy a taladraros con los discos de música clásica que me revendía mi profesora de solfeo, ya que no cumplirían las premisas que he marcado. A pesar de ello sí que mencionaré que descubrí la grandeza de Mozart gracias a uno de ellos, concretamente al que incluía la suite para quinteto de cuerda «Eine kleine Nachtmusik”. Sí hombre, seguro que el primer movimiento os suena, es aquel que reza… “¿Quién ha puesto el compact disc de Mozart dentro de la caja de galletas?”. Por si no caéis, en este video podéis ver a unas chicas, que para nada muestran ningún síntoma de intoxicación etílica, interpretando el fragmento de manera poco académica pero que seguro os aclarará de qué melodía estoy hablando:

Podéis ver, por lo que os explico, que temporalmente las compras de las que os voy a hablar se produjeron aproximadamente durante mi pre-adolescencia o principios de mi adolescencia. Sí que hay un arco temporal durante el cual parecería que no escuché música, pero amig@s viejun@s, ¿a caso no recordáis las cintas de cassette?, ¿no recordáis que la piratería no la inventaron los simpáticos señores venidos de allende los mares que os ofrecen películas grabadas con una videocámara a manos de alguien que adolece de parkinson?, pues eso, no sé si queda claro el concepto.

Alguno de vosotros pensará, “¿Una lista de 3? ¡Qué lista más rara! Normalmente son de 5, 10, 15, 20… ¡Este tío es un vago de c*j*n*s!”, pero os lo puedo justificar. Sólo voy a hablar de tres LP’s ya que el cuarto que compré repetía estilo con uno de los tres primeros y, cómo mi objetivo hoy, tal y como os he explicado al principio, es entender un poco más porqué soy como soy, o dicho de otra manera, entender porqué tengo la cabeza trastocada desde hace tanto tiempo, creo que la disparidad estilística de estas primeras tres compras es un factor determinante en el análisis.

Max Mix 4 (1986)

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Lo reconozco, con todo lo cultureta, gafapasta y alternativo que simpre he aparentado ser, va y la primera compra musical de mi vida en formato de LP es el disco más mainstream del momento en que fue editado. Sí viejun@s, un superventas, un clásico de las discotecas (donde yo por entonces no podía entrar, evidentemente) que rompió moldes y que colocó a Toni Peret y a Jose Mº Castells en un nuevo Olimpo: el Olimpo de las remezclas. El disco es, a nivel técnico, una maravilla y creo que mucha gente sigue sin ser consciente de la dificultad que comportaba realizar un producto como este. Ya no sólo se tenía que tener mucha gracia sabiendo qué trozos de canciones escoger y cómo “jugar” con ellas, sino que tenías que ser todo un manitas para logra conseguir un producto tan y tan redondo. A los más curiosos os recomiendo MUY, MUY, pero que MUY encarecidamente el visionado de este pequeño documental (23 minutos) que se rodó cuando se lanzó el “Max Mix 11” donde los mismos Peret y Castells explican cómo hacer un megamix. Las técnicas analógicas y digitales que utilizan son espectaculares, artesanía musical pura.

La edición del “Max Mix 4” en LP es una maravilla. Una caja de cartón duro que almacenaba 2 vinilos con las versiones “Radio Edit” y “Megamix” del disco, dos cubiertas de cartón para tu tocadiscos con el logo del disco y lo que a todos nos dejó estupefactos en aquel momento: una pletina de corte para realizar tus propias mezclas de cinta y un libro de instrucciones que te explicaba cómo hacerlo. Ni que decir tiene que me lancé de cabeza a intentar crear mi propio megamix, ¿el resultado? Un completo desastre: metros y metros de cinta cortados y perdidos para siempre que jamás lograron sonar de manera coherente.

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Junto a un amigo sí que conseguimos realizar un experimento de mezcla usando tres reproductores de cassette unidos de una manera muy rudimentaria, pero a pesar de que el resultado fue bastante digno no logramos triunfar. Es una lástima pero no conservo copias de aquel primer y único trabajo como remezclador de hits.

Por cierto, ¿sabéis dónde compré este disco? Aquí:

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Salve (1984)

El día y la noche, el ying y el yang, los Sith y los Jedis… Si véis cual fue mi primera compra y la comparáis con la segunda ya podéis empezar a entender un poco la dicotomía mental que ronda por mi cabeza desde hace décadas. Pasé de lo más comercial del momento a lo oculto, a un producto de aquellos que sólo podías llegar a conocer gracias al boca a boca. Ni la televisión, ni la radio ni los periódicos hablaban de él. Las noticias sobre “la movida”, ese punk falso y edulcorado, se encargaban de silenciar otro gran fenómeno que llenó las estanterías de pequeñas tiendas de discos con maravillas musicales. Sí señoras y señores, el “Salve” de “La polla records”, grandes entre los grandes. No os voy a hablar demasiado sobre ellos, para eso aquí tenéis mi crónica sobre el concierto al que fui en 1989 y este maravilloso artículo de Álex donde narra cuan importante fue el Rock Radical Vasco para mucha gente de nuestra generación.

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“Salve” se publicó algunos años antes de que lo comprase y ya lo había escuchado cientos de veces antes de hacerlo. Fue la primera ocasión en la que sentí una necesidad de tener algo original, de atesorarlo, de tenerlo en propiedad. Pero no por egoísmo ni fetichismo, no no, lo que sentí fue una obligación de comprar algo que me había dado tantos momentos de placer por puro reconocimiento a las personas que lo habían creado. Mi pequeña contribución a las arcas del grupo. Después ,con el tiempo, me di cuenta que seguramente pocas pesetas de las que pagué por el LP debieron llegar realmente a los bolsillos de Evaristo, Txarly, Sumé, Maleguín o Fernando, pero bueno, como lo que cuenta es la intención yo me sentí satisfecho. Y así es cómo me convertí en un comprador de música asiduo y convencido, gracias, entre otros, a temazos como este:

Las canciones del disco me enseñaron que las letras no tenían que hablar de chorradas y ser ñoñas, que podían expresar sentimientos más importantes, denunciar situaciones vergonzantes y hacerme abrir los ojos hacia una realidad que nada tenía que ver con las falsedades que los medios nos querían vender. A parte, creo sinceramente que musicalmente el disco es una maravilla, vale, la caja de la batería suena chunga, como si fuese una batería eléctrica, problema de ecualización supongo. Pero es que estoy convencido de que los medios con que fue grabado “Salve” debieron ser bastante pobres, a pesar de ello es un gran disco, con un sonido decente, que ha sobrepasado la frontera del tiempo y que por tanto merece ser escuchado asiduamente.

Compré el LP «Kebra Disc”, una de las tiendas de música más espectaculares que jamás ha habido en Barcelona.

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Islands (1987)

Y del maisntrem y el punk llegamos al amor. Sí viejun@s, así de fatal estoy, os cuento. Por muy punkies radicales que fuésemos en mi escuela, todo cambió cuando aparecieron las chicas por allí. Y como a todo buen hijo de vecino me gustaba una. No queráis entender el porqué ni el cómo pero siempre relacioné aquella chica con esta canción:

Creo que de alguna extraña manera siempre la relacioné con la actriz que sale en el minuto 3:33 haciendo el coro de “It’s magic, it’s magic”. Visto con la perspectiva del tiempo quizá sí que tuviese algún parecido, pero no demasiado, quizá el secreto estaba en los ojos, quizá… Por suerte logre grabar un día en videoclip en VHS (pura chorra, os lo aseguro) y durante días y semanas estuve viendo en modo “repeat” el video una y otra vez, de manera obsesiva, sin parar, gastando la ferrita de la cinta, jodiendo los cabezales, teniendo que reajustar botón de “tracking” cientos de veces, hasta que de repente tuve una iluminación: “¡pero si la canción es brutal!» En serio, no me había dado cuento de lo buena que era hasta que la había memorizado musicalmente de manera completa. Entonces vi claro que el tercer vinilo que compraría por mis propios medios sería “Islands”. Y para mí fue toda una revolución, por diversas razones que os expongo a continuación:

  • Mucho antes de descubrir Pink Floyd aprendí que la música para las masas podía ser de mucha calidad y que no siempre tenía que ser cantada, toda la cara A es un tema instrumental titulado «The Wind Chimes (Part One and Part Two)” que dura la friolera de 22 minutos. Reconozco que al principio me sorprendió pero a la vez me hipnotizó.
  • Aprendí que las guitarras eléctricas distorsionadas se podían hacer servir para algo más que para hacer música “heavy” o “punk”, de verdad, hasta entonces nunca me lo había planteado como una posibilidad plausible.
  • Aluciné al ver que un músico “pop” no cantaba ni un solo tema un disco que firmaba él.
  • Y gracias a comprar el disco “a ciegas” (lo hice sólo por “Magic Touch”), descubrí que Mike Oldfield es un músico es-pec-ta-cu-lar. Todo el LP es una maravilla y las canciones de la cara B se pelean entre ellas para ver cuál es mejor que la otra.

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Jamás le dije nada a aquella chica, ni sobre la canción ni sobre nada, de hecho creo que llegué a cruzar con ella como mucho dos frases del estilo «Hola, ¿cómo va?», «Bien, ¿y tú?». Pero algunos años después gracias a saber de memoria la letra de la canción “Islands”, la que da título al LP y que interpretaba magistralmente Bonnie Tyler, conseguí tener un rollete con otra chica diferente, pero eso es una historia que dejo para otro día… bueno, quizá no, mejor no la dejo para ningún otro día, tampoco fue tan interesante como para ser explicada. Pero sí que esta historia, en global, puede servir como parábola de la imprecisión del destino y de cómo detalles del presente pueden ser determinantes, sin conexión aparente, con hechos del futuro.

Por cierto, el círculo se cierra como en toda buena tragedia griega y este tercer disco lo compré también en Simago. Jamás volví a comprar música allí, sí la ropa que utilizaba para transvestirme como mi abuela alguna que otra noche muy loca:

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Y nada más viejun@s, hasta aquí este pequeño repaso sobre mis primeras compras musicales. Como habréis podido observar no fueron para nada coherentes entre ellas pero sí que tuvieron algo en común: la calidad. Los tres discos sobre los que os he hablado son muy buenos y dignos de ser escuchados y valorados. Finalmente esa quizá sea la lección final, el cómo afectaron a mi personalidad, el remanente en mi psique, lo que aprendí: saber identificar y saber disfrutar de todo aquello que tenga una calidad y una intención real detrás. Punk o Pop, el Bulli o el menú del bar de la esquina, salir de noche o madrugar para viajar, todo en su momento, si es bueno es disfrutable. Bien, quizá sea eso o quizá lo que tengo es un trastorno de bipolaridad latente, no lo sé, aquí en el sanatorio los señores simpáticos que visten con bata blanca me dicen “tranquiiiilo… todo va bieeeeeeen”, y yo les creo.

¿Cuáles fueron vuestros primeros LP’s? Contad, contad. Mientras tanto,

Tomad la medicación…