Lecturas bizarras: “La tragedia de Chris: Nacida inocente 11ª parte”

Dejad todo lo que estéis haciendo porque vuestra sección favorita está de vuelta. Vuestras plegarias y sacrificios dedicados a las deidades de las lecturas mierdosas han surtido efecto y por fin he leído esta obra magna de la ineptitud literaria que ha resultado ser “La tragedia de Chris: Nacida inocente 11ª parte”.

Ojo aquí, porque estamos ante el penúltimo capítulo de esta saga que lleva tiempo manteniéndonos en vilo. Supongo que al igual que yo, todos vosotros tenéis los nervios a flor de piel por culpa del devenir de nuestra amada, porque a estas alturas ya es amada, Chris Parker. Os avanzo que esta penúltima entrega ha estado a la altura de las circunstancias, que tampoco eran muy altas, y me ha proporcionado gozo y risas como hacía tiempo que un libro de la serie “Nacida inocente” no me causaba. Pero bueno, basta de rollos y vayamos a lo importante, os recuerdo que en Retro Memories me pagan por palabra escrita y por eso a veces me voy por los putos cerros de Úbeda antes de entrar en materia, y empecemos ya de una maldita vez la reseña del capitulo once de “Nacida inocente”.

Ana Lisa Melchcocho es solo una de los miles de fans de «Nacida inocente» que está de los putos nervios por saber qué pasa en este libro.

Vale, al final del anterior libro dejábamos a Chris meditando cómo salvar la granja en la que estaba cumpliendo su condena. ¿Lo recordáis? Pues bien, a la mierda con todo eso porque en este libro se vuelven a pasar la continuidad por el orto y nos encontramos al inicio con nuestra heroína huyendo de la justicia por carreteras secundarias. A mí me da la sensación de que alguien se hizo la picha un lío y al ordenar al escritor “negro” de turno que escribiera un libro de la saga se le olvidó comentarle en que punto tenía que arrancar. Eso explicaría un poco el desbarajuste que hay en la continuidad de las ultimas tres entregas cuando antes esta se respetaba escrupulosamente. Pero bueno, tampoco es un caos narrativo. La cosa aún tiene consistencia.

Sigamos. Chris llega a una solitaria gasolinera en la que presta servicios el típico paleto de pueblo que tiene toda la pinta de matarse a gayolas. Y eso, en 1987 cuando aún no existía internet, tenía mucho mérito. Lo de las gayolas, digo. No lo de llegar a una gasolinera. Bueno, el tema es que Chris quiere comer, pero no tiene dinero. Así que el tío, que se llama Ollie, quedaos con su nombre porque en el futuro tendrá importancia, le propone una cosa: comerá gratis con la condición de que se duche y que permita que él la observe. Os he dicho o no os he dicho que este tío era un pajillero. Total, que ella acepta, se ducha y él la mira. Y ojo, porque en vez de sentirse incomoda por la situación, nuestra querida Chris se recrea poniéndose Heno de Pravia por los pechotes y el fliquis para delirio del onanista de Ollie. La madre de Ollie los pilla in fraganti y se escandaliza tanto que hace algo que hoy día sería impensable e imposible: le ofrece un trabajo a Chris en el bar de la gasolinera. Ella acepta, porque total ya de perdidos al río. Y la primera noche que pasa allí, agarraos, Ollie intenta violarla. Porque no os lo he dicho, la madre de Ollie la ha acogido también en su casa. Total, que tenemos una ducha con voyerista incorporado y un intento de violación… ¡Y solo llevamos 20 páginas del libro! ¡Hostia puta! ¡Esto promete!

Este es Ollie, el paleto pajillero.

Chris escapa de la casa de Ollie y se mete en un coche para esconderse. Un coche que resulta ser propiedad de unos pandilleros que han robado dinamita para cometer un atentado. Ya es mala suerte. Chris decide robarles la dinamita a los pandilleros y esconderla para gastarles una broma. Desde luego, esta chica no aprende.

En plena huida Chris conoce a un mendigo. Un mendigo que después se descubre que es un multimillonario al que le gusta disfrazarse de necesitado porque como se va a presentar a las elecciones a la alcaldía quiere saber de primera mano que es lo que necesita de verdad la gente de su ciudad. Este hombre se llama Terence Harrington y decide darle cobijo a Chris en su casa porque siente compasión por la chica.

Terence tiene dos hijos: Sabina, que no tardará en hacerse amiga de Chris, y Julien, que es un puto arrogante pero que también destila cierto encanto. O sea, ya veis por donde quiero ir, ¿no? Chico, con encanto, Chris que se enamora fácilmente, ¿sí? Pues vale.

Julien es todo encanto y masculinidad.

Bien, resulta que la ciudad en la que vive Terence con su familia está sumida en una guerra de bandas. Por un lado, están los Golden Stars, comandados por el misterioso Brandom. Y por otro, los Foxs, bajo el mando del no menos misterioso “El Oso”. Ojo al apodo de mierda. Es por eso que Terence quiere ser alcalde: para acabar con la lacra de las bandas. Lo chungo es que una de ellas, los Golden Stars, es la banda que sustrajo la dinamita para cometer el atentado. Pero eso solo lo sabe Chris, que decide callarse como una puta.

Pero en un giro de los acontecimientos brutal pasa una cosa impensable. Los Golden Stars secuestran a Sabina. ¡Dios, no! Aquí es cuando Chris confiesa que sabe lo de la dinamita y que cree que sabe cuál es el escondrijo de los Golden Stars. Desesperados, Julien y Chris inician una búsqueda contrarreloj. Recorren las calles y las afueras de la ciudad, pero no dan con la guarida de los pandilleros. El tiempo apremia y toda la presión del mundo recae en Julien y Chris. ¿Y qué creéis qué es lo que deciden hacer? Venga va, os doy unos segundos para que lo penséis. ¿Lo tenéis ya? ¡Sí! ¡Se van a follar!  Si lo recordáis, en “¡Escapa, Chris!: Nacida inocente 3ª parte” nuestra heroína utilizaba la misma táctica para evitar un atentado en un concierto y le funcionó a las mil maravillas. Así que ahora decide repetir la estrategia. Y, ¡eh! Da resultados.

Una pareja buscando a la hermana de uno de ellos.

Hago una pequeña elipsis porque yo lo valgo y sitúo a Chris en un bareto de mala muerte en el que coincide con los miembros de los Golden Stars que robaron la dinamita. Chris les dice que si la llevan ante su jefe les dirá donde está la dinamita a cambio de la liberación de Sabina. Los pandilleros llevan a Chris frente a Brandom, su misterioso jefe cuya identidad secreta nos es revelada. Y resulta que no es otro que… ¡Julien! Hostias, reconozco que mi apuesta era otra. Me han pillado por sorpresa. Resulta que Julien y Sabina organizaron todo esto del atentado y el secuestro para ayudar a su padre en las elecciones. ¿Ein? Como plan infalible yo no lo veo, pero ellos sabrán.

La cosa acaba con Sabina liberada, obvio, y Chris detenida. Cuando es trasladada por la policía en un coche es rescatada por los Foxs, que realizan esta misión no se sabe muy bien por qué. A Chris la llevan delante de “El Oso”, el misterioso jefe de la banda cuya identidad secreta también nos es revelada. Y resulta que es… ¡Ollie, el pajillero! ¡Esta sí que era mi apuesta! Ollie decide entonces hacer lo que dejó a medias en la página veinte e intenta volver a violar a Chris. Pero llegan los Golden Stars, encabezados por Julien, y se lía una guapa. Al final, Ollie muere. Pero más por tontería que por otra cosa.

La pelea entre los Golden Stars y los Foxs es brutal.

“La tragedia de Chris: Nacida inocente 11ª” finaliza con Chris de nuevo en manos de la policía y siendo traslada en un furgón hacia dependencias judiciales. Lo que nos hace pensar que acabará de nuevo frente al juez Sibelius, que es el que dio el visto bueno a lo de la granja del anterior libro. ¿Qué pasará?

Cómo ya os he dicho al principio, he disfrutado mucho con la lectura de esta entrega. Los últimos libros estaban siendo rematadamente malos y acababan siendo superiores a mí. Este undécimo capitulo ha recuperado las dosis de absurdidad, delirio y morbo barato necesarias para hacer de él una lectura amena. ¿Qué sucederá ahora? Pues me aventuro a pronosticar que la saga va a tener un final que nos va a dejar fríos. Tengo la sensación de que no será un final cerrado y esto no me gusta. Es que me da mala espina lo de los saltos en la continuidad. Sea como sea, os reconozco que leer el último libro me va a costar. Pero no por cosas malas, ¿eh? Es porque ya le he cogido afecto a esta mierda y ahora despedirme de ella se me va a hacer duro. Es que os sorprenderá, pero empiezo a ver a Chris Parker como la hermana que mis padres no me pudieron dar. Bueno, a ver, me dieron cuatro. Pero ninguna de ellas con los rasgos de Linda Blair.

He puesto «Chris Parker» en Google y me ha mandado a un artículo sobre un comediante que se llama así y que conoció a su novio diseñador a través de Tinder. ¡Flipa!

Y hasta aquí “La tragedia de Chris: Nacida inocente 11ª parte”. Prometo reseñar el último libro como muy tarde en enero de 2021. Y juro que antes de ponerme en materia haré un pequeño repaso de las varias violaciones que ha sufrido Chris y a todos y cada uno de los hombres que la han enamorado. ¿Os parece bien? Estoy abierto a cualquier propuesta. Contad, contad…