Cuando eras un asiduo a los salones de recreativos había algunas situaciones que tenías que saber detectar a tiempo para evitar males mayores. La llegada de un nuevo grupo de adolescentes, las riñas y tensiones entre los diferentes individuos de la parroquia, la retirada de una máquina de culto y lo más importante, la llegada de nuevos arcades.
Pero vayamos por partes. Cuando yo iba a FP no sé si aprendí demasiadas cosas en la escuela a la que acudí, pero sí que habían unas normas no escritas que poco a poco fui descubriendo. Tenéis que tener en cuenta que hasta la fecha yo había pasado mi vida en una mega escuela de curas rodeado de la misma gente durante unos, no se, ¿doce años? Acudir a aquella pequeña academia fue como salir del cascarón. Me sentía como el pequeño Calimero, no tanto por mi aspecto ridículo en aquella época (que también), sino por que todo un mundo de nuevas y excitantes cosas pasaban a mi alrededor, y allí estaba yo para descubrirlas. No tardé en aprender una de las mejores cosas de aquella época: la hora del desayuno era libre y a dos manzanas había uno de los mejores salones de recreativas de la ciudad en aquel momento: El Novedades.
No tardamos en descubrir aquel evento sin igual y rápidamente la clase se dividió en dos claros grupos: los que se quedaban cerca de la escuela para no llegar demasiado tarde a la siguiente clase, y los que salíamos al galope tendido en pos de llegar cuanto antes mejor al Novedades y poder gastarnos allí las monedas mejor invertidas de nuestras vidas. Para volver os aseguro que no nos dábamos la misma prisa, de hecho a más de uno no le dejaron entrar en clase por llegar demasiado tarde.
Aquellos ratos en los recreativos eran cortos (no llegaban a la media hora) pero increíblemente inmensos. Con el tiempo fuimos sabiendo como ubicarnos en el ecosistema. Nos «apropiábamos» máquinas, sabíamos con quién podías bromear, a quién pedirle un cigarro o a quién, bajo ningún concepto, debías dárselo.
Y entonces un día ocurrió. Apareció en el local una nueva máquina. Vendetta. Con un cabinete preparado para cuatro jugadores. Esto por sí solo ya era algo que causaba sensación pero es que el juego era muy bueno. La cosa venía a ser como un «Double Dragon» multiplicado por dos, con unos gráficos mejorados, con unos golpes brutales, con unas armas alucinantes y unos malos de final de fase totalmente demoledores.
Cuatro de mis compañeros de clase, suspendidos en varias asignaturas que no habían estudiado y que no tardaban ni 4 minutos en recorrer el camino de la puerta de la escuela hasta la máquina de Vendetta, se hicieron con el control total de ella. Iván, Sebas, Rovi y Nacho (a este último le dejaban jugar porqué pagaba más partidas que nadie). A mi personalmente no era un juego que me llamase demasiado la atención jugar, yo por aquel entonces estaba demasiado enganchado al «Pang» o al «Art of Fighting» como para desperdiciar mi escaso presupuesto. Pero he de decir que hice de observador de las partidas que jugaron, algo, por cierto, que he hecho muy pocas veces durante mi vida. Estos eran los personajes protagonistas del juego miembros de la banda «The Cobras»:
Y si mal no recuerdo se correspondían con mis colegas así:
- Blood: Rovi
- Hawk: Sebas
- Boomer: Iván
- Sledge: Nacho
El argumento del juego era, por decirlo de alguna manera, el de siempre. El malvado Faust ordena el secuestro de la bella Kate, amiga de nuestros heroicos protagonistas y éstos, como no podía ser de otra manera, irán aniquilando a todos los rufianes miembros de la «Dead End Gang».
El juego incorporaba algunas novedades bastante interesantes como, por ejemplo, la de poder seguir dándole cera a los enemigos cuando estos estaban tumbados en el suelo, y también era interesante la ausencia de golpes «a la desesperada», aquellos que, a cambio de un poco de tu nivel de vida, te salvan de un gran número de enemigos rápidamente.
Pues bien, lo que hizo que a todos nos saltaron los ojos de las órbitas fue un hecho que sucedía creo en la segunda o tercera fase, una en la que ibas por la ciudad de noche cargándote a todo bicho viviente. De repente aparecían en la pantalla unos personajes con pinta de Freddie Mercury en el videoclip «Little Crazy Thing Called Love» cuya única intención era la de darte la vuelta, penetrar tu «cerito sesuarl» salvajemente y, de paso, lamerte la oreja. No solo eso, si por casualidad uno de estos tipos vagaba sin rumbo por la pantalla y se cruzaba con una farola, el muy lascivo se refregaba contra ella en posición de perro en celo. Y ya el súmum era cuando agarraban uno de los rottweillers que querían acabar contigo y, bueno, ya os podéis imaginar qué hacían con él, nada bonito, os lo aseguro.
El esteretipo del gay lascivo llevado a un videojuego para adolescentes a través de la sodomía, la masturbación y la zoofilia… toma trío de ases.
Aquí os dejo el gameplay del juego… si queréis ver de lo que os he estado hablando podéis ir directamente al minuto 11.
httpv://www.youtube.com/watch?v=H3KAIm0_XXU
Personalmente no tengo el honor de ser ni gay ni lesbiana, soy el típico heterosexual justito que ha vivido su sexualidad lo poco o mucho que le han dejado dependiendo de la época de la vida, pero lo que sí tengo claro es que estos personajes del videojuego podían ofender, y mucho, a mucha gente. En Japón se comercializó con el nombre «Crime Fighters 2» y al llegar al resto del mundo se le cambió el nombre por el de «Vendetta» y debido a la presión que ciertos colectivos ejercieron se llegó a censurar a los «supuestos» homosexuales vestidos de cuero. Y ahora un momento para la reflexión misteriosa:
Si el juego se censuró y se renombró… ¿cómo puede ser que la máquina que había en el Novedades mostrase el nombre «Vendetta» en el splash screen y a la vez mostrase las escenas supuestamente eliminadas? ¿Existió una versión previa a la censura? ¿Había la posibilidad de «activar» la opción de que apareciesen los polémicos personajes en las opciones de configuración de la máquina?
Sinceramente no lo sé. Lo que sí os puedo asegurar es que estos viejun@s ojos vieron todo lo que os he contado.
¿Recordáis haber jugado con esta máquina? Contad, contad.
Tomad la medicación…