Top 10 de las mejores chuches de la historia (2ª parte)

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Bien viejun@s, ha llegado el momento de completar mi personal top 10 de las mejores chuches que pasaron hace un tiempo por mi ya devastada boca y que, como las mejores cosas de la vida, dejaron terribles secuelas en forma de caries varias y otras afecciones buco-dentales. Pero no, no me arrepiento de nada. A pesar de que todo buen viejuno sabe que no hay nada peor que la visita a un dentista y las terribles cosas que éste puede llevar a cabo en tu boca, los placeres obtenidos a lo largo de mi niñez y de mi adolescencia a través de la ingesta, en muchas ocasiones desmesurada, de ingentes cantidades de dulce azúcar en todas y cada una de sus variedades morfológicas, gustativas y de textura, valieron la pena. Y mucho.

Os quiero recordar, como ya hice en la primera parte de top, que esta lista se ha elaborado bajo mi estricta y única visión subjetiva basada en mis gustos y preferencias personales. Es por eso que muchos, quizá la mayoría, de vosotros encontréis en falta alguna chuchería o dulce que incluiríais sí o sí en un top de este tipo, y es precisamente por eso mismo que os pido que complementéis este post con vuestras aportaciones y opiniones en la parte de comentarios. Y ahora sí, de nuevo y sin más dilación, vayamos al lío y desvelemos mis más oscuros y dulces secretos completando con estos 5 finalistas la lista:

5. Corazones de melocotón

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He de reconocer que durante unos meses estuve enganchado a ellos cual yonky a la buena mandanga. Me los zampaba por docenas. Voy a intentar analizar los porqués. Sé que existen cientos de gominolas que imitan formas de cosas que poco o nada tiene que ver con algo dulce. Pero si nos paramos a pensarlo durante unos segundos transformar un músculo cuya función es la de irrigar sangre a todos los puntos del cuerpo en algo relacionado con el azúcar y lo dulce es realmente fruto de una mente enfermiza. Quién sabe si el que tuvo la idea no fue un Hannibal Lecter en potencia cuyo oscuro objetivo tras la creación de la gominola era el de asentar las bases de una sociedad basada en el canibalismo. Quién sabe los macabros secretos que se esconden tras tan aparentemente inocente corazoncito. Y además ¿qué relación tiene un corazón con el sabor de un melocotón? Si como mínimo el gusto elegido hubiese sido el del melón se podría relacionar con el éxito de una canción de la Orquesta Mondragón. Pero no, alguien escogió el gusto dulce pero a la vez ácido y con un toque muy sutil de salado que hacía de esta gominola algo absolutamente adictivo. En serio, si las encontráis por algún sitio degustadlas con atención y veréis que su sabor escapa a la “normalidad” de las otras chucherías. Haced la prueba y me lo contáis.

4. Moras

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El bien y el mal, el ying y el yang, la noche y el día, ¿quieres seguir durmiendo o entramos en Matrix?… A parte de su excelso gusto y el placer inconmensurable que las pequeñas perlitas de azúcar que las revisten provocan al encontrar una de ellas perdida por tu boca al cabo del rato de haber comido una mora, la gran característica de estas esféricas gominolas es la dicotomía que te planteaban cuando te encontrabas delante de ellas y no podías decidir cual de los dos colores escoger. La batalla interna que me planteaban era un órdago a mi, ya de por sí frágil, estabilidad mental. Y cuando finalmente me decidía y me llevaba a la boca la que había escogido, la duda y el remordimiento sobre si había escogido bien me abrumaba de tal manera que me hacía dudar sobre mí mismo y sobre los motivos que me habían llevado a la elección final. Me pregunto si no somos una generación que aprendió a escoger basándose en estas pequeñas y deliciosas bolas de azúcar y gelatina. Me pregunto si todo lo que nos ha llevado a decidir cosas importantes sobre la vida se decidió el mismo día en que tuvimos que escoger entre una mora roja y una negra. Y finalmente me pregunto si nuestras decisiones al final tuvieron o han tenido algún sentido porqué viejun@s, no nos engañemos, tanto las rojas como las negras eran deliciosas y por ende cualquiera que fuese nuestra opción escogida siempre fue la correcta.

3. Palotes

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Como sabréis los más antiguos seguidores de Retro Memories, los decrépitos responsables de este blog somos fans de todo lo que sea de color rosa como ya hemos declarado en más de una ocasión (por ejemplo aquí hablando de los pastelitos Pantera Rosa, o aquí haciéndolo sobre el mismísimo Show de la Pantera Rosa). Ya sólo por ese motivo, su color, los Palotes tenían que entrar sí o sí en este top, pero hay más. Creados en los años 60 por la empresa Damel (creadora también del chicle Cheiw Junior) creo que el cerebro detrás de su invención supo como sintetizar de manera perfecta tres conceptos separados para crear un producto diferente a todo lo existente hasta ese momento.: caramelo+gominola+fresa=delicia pura. Del caramelo hereda el concepto del envoltorio, lo que hizo que los palotes fuera la gominola que mejor podías llevar encima a cualquier lado sin que perdiese ninguna de sus cualidades ni se ensuciase. A parte, si ereas “de esos” podías comértelo por fases y volver a guardarlo de una manera segura. De la gominola pues el Palotes coge la opulencia y la cantidad de azúcar. Y de la fresa pues lo mejor, porqué no nos engañemos, a pesar de que Damel más tarde ha intentado incorporar otros sabores, ninguno es, ni de lejos, tan bueno como el original. Y finalmente hay una cosa que me alucina de ellos: el nombre. ¡Está en plural! Decir “dame un Palote” no es correcto, la frase adecuada es “dame un Palotes”. Una curiosidad lingüística que no sé si se repite en ninguna otra chuchería y/o gominola.

2. Ladrillos

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Siempre he sido fan de las teorías de la conspiración. De hecho en más de una ocasión en este mismo blog he intentado destapar más de una acción conspirativa de los poderes ocultos que mueven los hilos de nuestras condicionadas vidas. Los piojos, la marca de la vacuna, etc… Y creo que detrás de estas inocentes gominolas se esconde algo más. ¿Un ladrillo? ¿En serio? ¿Qué nos querían decir con ellos? ¿Qué nuestras vidas iban a estar destinadas a hipotecarnos durante más años de los que viviríamos para poder poseer falsamente un conjunto de ladrillos mal puestos al que llamaríamos “casa”? ¿Que nos dejásemos de historias de universidades y demás delirios de grandeza y que la pasta gansa estaba en saber colocar ladrillos? ¿Que en el fondo éramos más tontos que los personajes de los Monty Python que golpeaban ladrillos obsesivamente?

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O quizá peor aún… Quizá nos estaban diciendo que hiciésemos lo que hiciésemos, por mucho que nos esforzásemos, nunca llegaríamos a ser nada más que ladrillos en el muro aséptico, lleno de normalidad y sin sorpresas al que secretamente nos habían condenado desde el mismo día en que nacimos… Pues sea cómo sea acertaron con el método. Los ladrillos de gominola son una absoluta maravilla. Una locura de sabores y sensaciones condensados en un espacio tan pequeño que me suda la p*lla que detrás de ellos hubiese un mensaje oculto, una conspiración o lo que sea que mi perturbada mente quiera imaginarse. El pica-pica que los recubría, la dulce capa de fresa y esa cosa blanca de dentro… azucarada, blanda y excelsa… no os preguntéis qué es, simplemente disfrutadla. Seamos ladrillos… pero seamos ladrillos de gominola.

1. Peta Zetas

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La delicatessen suprema, la dulce nouveau cousine de los 80, la cocina creativa del 2000 veinte años antes de que existiese. ¿Puede haber algo mejor que introducirte en la boca unas pequeñas piedrecitas y que estas exploten llenándola de sabor y sensación sin igual? ¿Puede haber una sorpresa más mayúscula que experimentar tal sensación por primera vez? Creo que es algo que ningún niño ni ninguna niña debería dejar de vivir y experimentar, y desde aquí os invito a que si tenéis hijos, o quizá ya nietos, no os perdáis tan magno momento y les acompañéis ya que es algo que seguramente cambiará sus vidas para siempre. La empresa Zeta Espacial (comercializadora también de los míticos chicles Pepitas de Oro) realmente dio en la diana con su revolucionario producto, y supo incluso cómo superarse a si misma con la incorporación de chicle a la mezcla, cosa que hacía que la experiencia fuese aun intensa si cabe. A parte tengo que reconocer que tengo un recuerdo un poco gamberro de estas pequeñas rocas rosáceas (¿¡veis como lo rosa mola!?): en un momento dado, alguien de mi clase descubrió que no solo humedeciéndolos explotaban los Peta Zetas… ¡también lo hacían si los pisabas! La revolución fue mayúscula ya que durante una época nos dedicamos a llenar el suelo de la clase de Peta Zetas para que el profe de turno al pasearse entre los pupitres fuses creando un efecto de traca valenciana al pisarlos. Y todavía más, los decibelios del ruido generado eran directamente proporcionales al peso del profesor que inconscientemente los pisaba, así que ya os podéis imaginar que nuestros arsenales de Peta Zetas se descargaban cuando el orondo profesor de religión hacía su aparición en clase. Las risas, y consecuentemente las broncas, estaban aseguradas.

Pues bien, esto ha sido todo. Aquí os dejo la tribuna abierta para que opinéis y complementéis el top. Ahora ya es vuestro, haced con él lo que creáis conveniente (si queréis un pequeño consejo yo lo compartiría en vuestras redes sociales y enviaría el enlace a todos mis contactos vía correo electrónico, whastapp, line, fax, busca, beeper, señales de humo… pero de verdad, no quiero para nada influir en vuestras acciones)

Tomad la medicación… ¡Ah! Y por cierto, de parte de todo el staff de Retro Memories recibid un caluroso deseo de felicidad para estas Navidades… Nos vemos y leemos en breve.

Recordado por el viejales: el día 20 de diciembre de 2013 a las 10:00 am

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1 Comment

  1. Nostalgico asunto este de las chuches,pero te han faltado algunos,ya que es un asunto siempre muy subjetivo para todos,yo diria que el corazon con capa dura de chocolate rosa con “marshmallow”,(se dice asi?) lleva como veinte años en las tiendas de chuches por lo menos,si es que no se fabrican aún.Y como productos particulares,de esos que nadie se acuerda,yo recuerdo una calavera empaquetada que era de chocolate blanco y de su interior salia,en plan bubaloo,un viscoso liquido rosa que estaba tan delicioso que ni un Mac Ribb podría hacerle frente,Y con mucho cariño recuerdo esos veranos de Mini Van de fresa,naranja o limon,por cinco duritos te inchabas a chupar hielo en agosto en esa especie de cuenco de plastico emulando la misma fruta para los tres sabores(creo que una media naranja).Ah,y el pata-palo con premio! Saludatis!

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